El poder de la oración intercesora

El poder de la oración intercesora

Dios puede hacerlo todo porque Él es todo, pero en Su amor infinito derrama Su gracia y elige a hombres y mujeres para interceder, de forma que lo ayuden en la obra de la salvación a través de esos ruegos y oraciones.

La oración del intercesor es como la oración de Jesús al Padre. Por ello es poderosa, pues el intercesor, al igual que Jesús, pone su vida por la causa por la cual suplica. La Biblia brinda muchos ejemplos sobre el poder de la oración de fe y la oración de intercesión. Por ejemplo, Abraham intercedió insistentemente en favor de Sodoma y Gomorra pensando en Lot. También Moisés utilizó la oración de intercesión en favor de Israel.

Génesis 18:16-19 dice: Y los varones se levantaron de allí, y miraron hacia Sodoma; y Abraham iba con ellos acompañándolos. Y Jehová dijo: ¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer, habiendo de ser Abraham una nación grande y fuerte, y habiendo de ser benditas en él todas las naciones de la tierra? Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él. Entonces Jehová le dijo: Por cuanto el clamor contra Sodoma y Gomorra se aumenta más y más, y el pecado de ellos se ha agravado en extremo, descenderé ahora, y veré si han consumado su obra según el clamor que ha venido hasta mí; y si no, lo sabré.

Nosotros podemos levantar un clamor, orar, pedir e interceder a favor de algo, pero el Señor siempre se encarga de confirmar si es cierto o no porque pueden aparecer los dos clamores: uno a favor y otro en contra. Abraham negoció e insistió, pues no le parecía justo que destruyeran a los justos de Sodoma y Gomorra, por lo que le pidió al Señor que no lo hiciera porque Él es justo. Sin embargo, la ira y el enojo de Dios era muy fuerte, por lo que sí destruyó ambas ciudades. Génesis 19:29 dice: Así, cuando destruyó Dios las ciudades de la llanura, Dios se acordó de Abraham, y envió fuera a Lot de en medio de la destrucción, al asolar las ciudades donde Lot estaba.

Muchas veces levantamos una oración y una intercesión y Dios se toma la molestia de ver si lo hacemos de acuerdo con Su Palabra o no, pues en ocasiones pedimos de acuerdo con nuestros deleites y pasiones, pero Él se encarga de ver si lo que pedimos es justo.

Nuestras oraciones y nuestra intercesión pueden hacer que exista una buena comunicación de dos vías con nuestro Padre, pero también pueden hacer que las cosas cambien. Si viene una Palabra negativa a tu vida o a tu familia en cualquier área de la vida, levántate y dile al Señor: “Si solo encontraras un justo, Tú puedes evitar que haya una destrucción”. ¡Háblale!

El otro ejemplo que tenemos es el caso de Moisés. Él estaba moviendo al pueblo a la tierra prometida y ellos pecaron. Éxodo 32:9-12 dice: Dijo más Jehová a Moisés: Yo he visto a este pueblo, que por cierto es pueblo de dura cerviz. Ahora, pues, déjame que se encienda mi ira en ellos, y los consuma; y de ti yo haré una nación grande. Entonces Moisés oró en presencia de Jehová su Dios, y dijo: Oh Jehová, ¿por qué se encenderá tu furor contra tu pueblo, que tú sacaste de la tierra de Egipto con gran poder y con mano fuerte? ¿Por qué han de hablar los egipcios, diciendo: Para mal los sacó, para matarlos en los montes, y para raerlos de sobre la faz de la tierra? Vuélvete del ardor de tu ira, y arrepiéntete de este mal contra tu pueblo.

Moisés usó una oración clave que la encontramos en Éxodo 32:13-14: Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Israel tus siervos, a los cuales has jurado por ti mismo, y les has dicho: Yo multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo; y daré a vuestra descendencia toda esta tierra de que he hablado, y la tomarán por heredad para siempre. Entonces Jehová se arrepintió del mal que dijo que había de hacer a su pueblo.

Dios conoce nuestro corazón, se levanta y pone atención al porqué de nuestras oraciones. Si te levantas a favor de los hijos, padres de familia, abuelos, finanzas y trabajo, el Señor te ayudará. Aunque hemos cometido faltas y hemos pecado, Él nos ama y nos da una segunda oportunidad.

Acércate a las Escrituras y aprende de ellas, pues cuando más conoces el corazón de Dios dejas de ser alguien que ora para convertirte en alguien que intercede. Esto solo se logra con disciplina de oración ante la presencia y el conocimiento de la Palabra del Señor. ¡Dios busca a los intercesores! Así que prepara tu corazón para ser un intercesor que se ponga a la brecha delante de Dios por su familia, líderes y gobernantes. Recuerda que interceder es poner la vida en favor de otros.

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