Cuando tu adoración abre los cielos

Cuando tu adoración abre los cielos

La adoración es la forma de hacer que nuestras palabras sean elevadas con expresión de gratitud para exaltar el nombre de Dios. Romanos 12:1 dice: Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.

Es importante destacar que la adoración no necesariamente tiene que ver con la música. Juan 4:19-26 dice: Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta. Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar. Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas. Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo.

Esta historia de la mujer samaritana, que se acercó a hablarle a Jesucristo cuando lo vio en el pozo donde sacaba agua, nos enseña que debemos adorar a Dios en espíritu y en verdad. Tanto las oraciones de los samaritanos como las de los judíos eran incompletas, pero las nuestras sí están completas porque podemos orar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

En ese sentido, la adoración es sumamente seria, por lo que debemos estar conscientes de que, cuando lo buscamos, estamos hablando con un Dios Todopoderoso. En ese momento podemos hablar lenguas, pues nuestro espíritu es edificado cuando lo hacemos. Hace muchos años, en una vigilia, por medio de la adoración, recibí el poder del Espíritu Santo y comencé a hablar otras lenguas por fe. En ese momento entendí que en la adoración también hay liberación.

Apocalipsis 1:9-11 dice: Yo Juan, vuestro hermano, y copartícipe vuestro en la tribulación, en el reino y en la paciencia de Jesucristo, estaba en la isla llamada Patmos, por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo. Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta, que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último. Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias que están en Asia: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea.

Definitivamente, cosas extraordinarias suceden cuando adoramos al Señor con fe activa. Apocalipsis significa revelación, pero también desvelación (quitar el velo). Esta clase de adoración hace que los cielos se abran y las bendiciones lleguen a la vida de quienes adoran. Asimismo, la Palabra nos enseña que los cielos se abren cuando ofrendamos y cuando nos bautizamos, lo que provoca que nuestros sentidos se activen para que percibamos de mejor manera lo que nuestro Padre Celestial nos da a conocer.

Puedes acercarte confiadamente a Dios, al trono de Su gracia, y hablarle con honestidad y transparencia, con el fin de que las revelaciones y milagros lleguen a tu vida. Para honrar Su nombre en los momentos de adoración, te motivo a que seas obediente a Su Palabra e instrucciones. Pídele que te enseñe a ser un buen adorador y a tenerle temor reverente en todo momento. ¡Bendiciones!