Fuimos creados a imagen y semejanza de un Dios maravilloso que nos ama sin medida, quien depositó en nosotros dones y talentos y nos abre el camino para que cumplamos nuestros propósitos en la Tierra. Todo lo que atravesamos, los buenos y malos momentos, son parte de Su plan para nuestras vidas, por lo que las circunstancias no determinan Su bondad ni lo que ya destinó para nosotros. Como creyentes, debemos tener la total certeza de que, si Él ya prometió algo, tarde o temprano, lo cumplirá.
Siempre he dicho que Dios no improvisa Sus planes en nuestras vidas. Aunque a veces experimentemos incertidumbre, Él tiene todo bajo control. Desde que fuimos formados en el vientre de nuestra madre, Él ya había diseñado un plan para cada uno de sus hijos. Fuimos diseñados para cumplir un propósito mucho más grande que nuestra propia existencia, el cual permanece sobre nuestros planes y pensamientos, por lo que solo tomados de Su mano podremos cumplirlo.
A lo largo de los años, muchísimas personas se han acercado a mí, con gran frustración, para decirme que, por más que oran, no están seguros de cuál es su propósito en la Tierra, y mi respuesta es casi siempre la misma: mientras servimos a los demás, Dios nos va revelando el llamado para nuestras vidas. No hay nada más poderoso que poner nuestros dones y talentos al servicio de los demás, así que, si aún no sabes cuál es tu propósito, te animo a que dispongas tu corazón para servir al prójimo y que afines tus oídos para escuchar Su voz.
Recuerda que, sin importar la situación que estés atravesando, ¡eres más que bendecido! Ninguna circunstancia podrá detener el propósito de Dios en nuestras vidas si así lo creemos y declaramos. He aprendido que todo lo que nos sucede, por más bueno o desalentador que sea, es necesario para que Sus planes se cumplan. No hay nada mejor que atravesar las tormentas tomados de Su mano porque Su Palabra nos asegura que para los que lo amamos, todo obra para bien.
También sucede que hay problemas que nos redireccionan al cumplimiento de nuestro llamado. Podemos tener el control de algunas áreas de nuestra vida, pero no de todas, por lo que, en ese momento es cuando debemos aprender a confiar aún más en Él. Te animo a que, a partir de este momento, te ocupes de lo que sí está en tus manos: las emociones, los pensamientos, la buena administración de los recursos y la fe, entre otros aspectos, y que todo lo demás se lo entregues a Él, quien tiene el control de todo.
Escuchar al Señor es lo que determina nuestro ánimo y la perspectiva con la que vemos las circunstancias. Lo que necesitamos en medio de los problemas es la guía del Espíritu Santo, así que oro para que aprendas a escuchar Su voz y a obedecer Sus instrucciones, pues es la clave para cumplir nuestro propósito en esta Tierra. ¡Bendiciones!