Nunca es tarde para agradecer cada comienzo

Nunca es tarde para agradecer cada comienzo

Iniciar el año también es un acto de gratitud

Comenzar un nuevo año siempre es un regalo aunque la vida no esté completamente en orden ni todas las respuestas sean claras. Para algunos, enero llega con entusiasmo y planes bien definidos; para otros, llega con cansancio, preguntas y una sensación silenciosa de seguir adelante sin saber exactamente cómo.

Aun así, estar aquí comenzando un nuevo año ya es motivo de gratitud.

Dar gracias al inicio del año no significa negar lo que dolió ni minimizar los desafíos que quedaron atrás. Significa reconocer que Dios estuvo presente en cada etapa, incluso en las que no entendimos del todo. Si hoy seguimos caminando es porque Su gracia nos sostuvo más de lo que imaginamos.

Este nuevo comienzo no llega para exigir resultados inmediatos, sino para recordarnos que seguimos bajo el cuidado fiel de Dios.

La gratitud que ordena el corazón

Vivimos en una cultura que nos empuja a empezar el año con metas, resoluciones y expectativas altas. Sin darnos cuenta eso puede generar presión, ansiedad o una sensación de insuficiencia cuando las cosas no avanzan tan rápido como esperamos. Pero la gratitud, en cambio, tiene otro efecto: ordena el corazón.

Cuando agradecemos, dejamos de mirar solo lo que falta y comenzamos a reconocer lo que Dios ya hizo, lo que ya tenemos. La gratitud no es conformismo, sino perspectiva. Nos ayuda a iniciar el año desde un lugar sano, reconociendo que no caminamos solos y que Dios sigue obrando aun cuando el proceso es lento.

Agradecer también es una forma de rendir el control y confiar el camino a Dios. Como nos recuerdan las Escrituras: “Encomienda al Señor tus obras, y tus pensamientos serán afirmados”, dice Proverbios 16:3. No se trata de tener todo claro, sino de poner el corazón en el lugar correcto.

Empezar sin prisa, pero con fe

Un nuevo año no siempre se siente como un “borrón y cuenta nueva”. Muchas veces arrastramos aprendizajes, heridas, decisiones difíciles o procesos inconclusos… Y está bien: Dios no nos pide que ignoremos nuestra historia, pero sí que la pongamos en Sus manos.

Comenzar con fe no significa tener todo resuelto, sino confiar en que Dios camina con nosotros mientras vamos resolviendo lo que aún está pendiente. Él no trabaja desde la prisa, sino desde el propósito.

A veces pensamos que para agradar a Dios debemos empezar fuertes, motivados y seguros; pero Él no se impresiona con nuestro entusiasmo inicial, sino más bien valora la constancia, la humildad y la disposición del corazón.

Este inicio de año es una invitación a caminar con una fe serena. Sin compararnos. Sin castigarnos. Sin correr detrás de expectativas irreales.

Agradecer también es rendir el control

Dar gracias al inicio del año es una forma de reconocer que no tenemos el control absoluto y que tampoco lo necesitamos. Agradecer es decirle a Dios: “Confío en ti para lo que viene, aunque aún no lo vea”.

La gratitud abre espacio para la paz. Nos recuerda que Dios ya está en el futuro que hoy nos genera incertidumbre, preparando caminos, enseñándonos a crecer y sosteniéndonos en cada paso.

Cuando comenzamos el año agradecidos, dejamos de cargar el peso de tener que hacerlo todo bien desde el primer día. Entendemos que el proceso también es parte del plan de Dios: un nuevo comienzo con el corazón en el lugar correcto.

Este nuevo año no necesita comenzar con perfección, sino con confianza. No necesita grandes promesas, sino un corazón dispuesto. No necesita prisa, sino fe.

Por eso, a pesar de que ya hace varios días inició 2026, nunca es tarde para detenernos un instante y agradecer. Agradecer por la vida, por las oportunidades, por lo aprendido, por lo que aún está en proceso y por la presencia constante de Dios.

Que este nuevo comienzo no lo caminemos desde la ansiedad, sino desde la gratitud. No desde la exigencia, sino desde la fe. No desde la prisa, sino desde la certeza de que Dios va delante de nosotros.

¡Gracias, Dios, por un nuevo comienzo!