Como seres humanos imperfectos, es normal que nos preguntemos en más de una ocasión quiénes somos. Para responder esto puedo partir de un esquema que comparto en mi libro Mírate bonita, mírate feliz (disponible en las librerías de Casa de Dios y en Amazon) que se resume de esta forma: las cualidades, los defectos, las circunstancias de vida y las personas que nos rodean nos influyen, pero no nos determinan. Lo único que debería determinar nuestra identidad y darnos un sentido para vivir es nuestro detonante infinito, con el fin de que nuestra identidad esté basada en los pilares correctos.
Ahora bien, todo este conjunto es lo que nos convierte en alguien. Con esto quiero decir que seguimos siendo personas a imagen y semejanza de Dios a pesar de nuestras imperfecciones o de los traumas que hayamos experimentado en nuestra vida. Si somos capaces de visualizarnos como seres imperfectos, será mucho más sencillo comprender el amor de Dios por nosotros y la necesidad de encontrar nuestra identidad en Él.
Te motivo a que encuentres tu detonante infinito en Dios, pues es algo que nadie puede decidir por ti, pero que yo lo hice por mí misma hace muchos años. Él es la razón por la que anhelo orar e interceder todos los días y por la que quiero ir los domingos a la iglesia en lugar de descansar en casa, practicar algún deporte o pasear con mi familia. Por más que pensemos que nuestra vida por sí sola ya es perfecta sin Dios, la realidad es que nunca estará completa sin Él.
Es importante entender que no somos una producción en masa, pues fuimos creados por un Dios perfecto, quien nos dio dones y talentos únicos que nos distinguen del resto. Él nos ama tanto y desea lo mejor para nosotros que nos creó con detalles y delicadeza inigualable, por lo que cada uno de nosotros es único y debemos gozarnos en ello. Él es tan poderoso que conoce a la perfección nuestras emociones, habilidades y sentimientos porque nos formó desde el vientre de nuestra madre.
Lo que hemos vivido, lo bueno y lo malo, forma parte de las líneas que Él escribió para nuestra vida. Antes de que naciéramos, nos escribió de principio a fin, de forma que preparó con antelación lo que hemos atravesado hasta este momento y las buenas obras que no hemos visto y faltan por venir. En medio de las confusiones respecto a tu identidad en Él o cualquier situación desfavorable, recuerda que Él tiene el control y que absolutamente todo obra para bien.
Si en este momento de tu vida te sientes abatido o tienes dudas sobre quién eres, recuerda que Dios se glorifica en nuestra vida desde que estamos en el vientre de nuestra madre. Desde entonces tenemos un propósito para Él en el cual nuestro ser, aun con imperfecciones, no tiene desperdicio alguno. ¡Eres valioso! ¡Bendiciones!