Desde que Dios creó el universo ha mostrado un inmenso interés en acercase a cada uno de Sus hijos y en restaurar la comunión que muchos pierden con Él por distintas razones. Envió profetas, patriarcas, jueces y reyes con el propósito de mantener viva esa relación, pero fue con la venida de Jesús que esa cercanía se volvió una realidad. El precio para salvarnos y reconciliarse con la humanidad fue alto, pero Él nos ama tanto que no dudó en pagarlo.
Como creyentes debemos esforzarnos todos los días en vivir conforme a Su voluntad y en acercarnos al trono de Su presencia para conocerlo más y más. Sin importar los obstáculos y los momentos de tensión que se presenten, procuremos no apartarnos de Él, pues solo en Él encontramos las fuerzas y la sabiduría para levantarnos y continuar con nuestro trayecto. Su deseo es fortalecer Su vínculo de amor con nosotros y que depositemos nuestra confianza exclusivamente en Él.
Hay etapas de la vida en las que debemos cumplir con más roles, por lo que tenemos más tareas, pero una de las más importantes y necesarias es y siempre será mantener una buena relación con Dios. Aunque estemos muy ocupados y sintamos que el día no nos alcanza para culminar nuestros quehaceres, es esencial apartar tiempo para atender a nuestro Padre Celestial. Con el paso de los años he aprendido que los momentos de intimidad con Él, además de especiales son primordiales para recobrar fuerzas y recibir entendimiento.
Una de las prácticas que más enriquece las relaciones interpersonales es una conversación amena, más aún cuando se tiene con alguien que admiramos o amamos. La Biblia nos enseña que Jesús se mantenía en constante comunicación son Su Padre. Con Su ejemplo nos mostró lo importante y trascendental que es la comunión e intimidad con Él. Para que nuestra vida cristiana sea exitosa, debemos tener una buena comunicación con Él.
Todo lo que pensamos, decimos y hacemos debe agradar a Dios. No existe relación más importante en nuestra vida que la que tenemos con Él. Por ello, como Sus hijos, debemos trabajar diariamente por honrar el deseo que tiene el Espíritu Santo de estar con nosotros y la mejor manera de hacerlo es actuando correctamente. Te animo a que te esfuerces por vivir conforme a Su voluntad para que cada día disfrute mucho más tu compañía.
Recuerda que Jesús se mantuvo en comunicación con Su Padre incluso al ser crucificado, por lo que no hay circunstancia que disminuya el deseo que tiene Dios de hablarnos y relacionarse con nosotros. Nuestra comunicación con Él no debe ser negociable ni depende de nada más que de Su amor eterno por nosotros. Por eso, podemos tener plena certeza de que, si le hablamos, Él nos escucha y nos responderá. Aunque cometas errores, jamás dejes de comunicarte con Él porque sin Él no somos nada. ¡Bendiciones!