Evitar la queja

Evitar la queja

La Real Academia Española (RAE) indica que la queja es una “expresión de dolor, pena o sentimiento”. Asimismo, hay otro diccionario en línea que la define como “una expresión de insatisfacción o descontento que puede manifestarse a través de acciones o palabras”. Creo que a nadie le gusta rodearse de personas que constantemente se quejan porque transmiten y contagian negatividad, y porque, como hijos de Dios, sabemos que le desagrada en gran manera.

La queja puede parecer algo pequeño, inofensivo e incluso insignificante, pero cuando acudimos a las Escrituras, encontramos que el corazón que se queja corre el riesgo de endurecerse. En el desierto, el pueblo de Israel no dejó de murmurar, a pesar de haber visto milagros impresionantes, por lo que, su actitud de inconformidad los alejó de la tierra prometida. La queja revela insatisfacción con nuestras circunstancias y una gran falta de confianza en que Dios tiene el control de todo.

Aunque nos disgusten ciertas cosas, acciones y sucesos, tenemos que trabajar diariamente en sacar la queja de nuestras vidas porque es una actitud que le provoca enojo a Dios, ya que muestra que tenemos un corazón malagradecido. En ocasiones olvidamos que nos dio el don de la fe, el cual nos ayuda a entender que nuestro contexto no es pretexto para salir adelante y la importancia de dejar de quejarnos por todo lo que nos pasa o lo que no tenemos.

Cuando somos quejumbrosos, nuestra naturaleza pecaminosa hace que nuestra mente sea sumamente selectiva, puesto que solemos recordarnos de las cosas que nos convienen en ese momento, pero olvidamos muchas otras. En otras palabras, la queja hace que tengamos un corazón que desprecia lo bueno que hemos recibido por gracia. Por supuesto que podemos pedirle al Señor lo que necesitamos y queremos, pero debemos hacerlo con gratitud y total respeto, sabiendo que no merecemos mucho de lo que Él nos da, para no caer en queja.

Los hijos de Dios fuimos llamados a cultivar un espíritu de gratitud. La Palabra nos exhorta a hacer todo lo que hagamos sin quejas ni contiendas para que seamos intachables y puros. Con el paso de los años he aprendido que cuando dejamos de quejarnos, algo cambia en nuestro interior y exterior que nos permite brillar mucho más en medio de cualquier situación. No hay nada más saludable que mostrarle al mundo que, cuando aceptamos, abrazamos y agradecemos lo que tenemos y lo que nos pasa, reflejamos la paz y la esperanza que solo Él puede darnos.

Evitar la queja no significa ignorar lo que duele o fingir que todo está bien; por el contrario, es aprender a ver la mano de Dios incluso en medio del dolor y confiar en que, aunque no entendamos, Él sigue obrando para nuestro bien. Te animo a que llenes tu corazón, mente y alma de gratitud y fe en todo momento porque un corazón agradecido tiene el poder de cambiar cualquier perspectiva y circunstancia. ¡Bendiciones!