A lo largo de mi vida he conocido a muchísimas personas que le temen al noviazgo porque creen que asumir cierto grado de compromiso en una relación implica un matrimonio casi inmediato, pero es una idea errónea que causa pánico en muchos. En realidad, lo bello e interesante del noviazgo consiste en conocer a quien escogimos antes de dar cualquier paso importante, pues es un espacio para aprender a comunicarse con honestidad, resolver diferencias con respeto y cultivar una amistad sólida que sirva como fundamento para cualquier decisión que venga después.
La verdad es que toda relación matrimonial empieza desde mucho antes de la declaración de amor o de dar el anillo, puesto que inicia con una amistad. Este es un proceso que no se debe apresurar porque solo viviéndolo se puede saber si ambos desean estar juntos hasta que la muerte los separe. La amistad y el noviazgo son etapas fundamentales para que dos personas se conozcan como realmente son.
En estas etapas de la vida, resulta fundamental que demostremos confianza en nosotros mismos, ya que nos ayuda a valorar los dones y habilidades que Dios nos dio, y a conseguir relaciones saludables. De niña mostré muchísimas inseguridades y estoy segura de que si hubiera continuado con ellas cuando conocí a mi esposo, no se hubiera fijado en mí y quizá nunca hubiera conseguido un buen hombre con quien compartir mi vida y hacer familia.
No sé si has tenido problemas de autoconfianza que han afectado tus relaciones, pero quiero recordarte que absolutamente todas las personas tenemos características internas y externas que resultan agradables a los demás y que provocan que quieran conocernos. Por ejemplo, podremos ser pequeños de estatura, pero si nuestra sonrisa es encantadora, llevamos las de ganar; de igual modo, podríamos ser modelos de revista, pero si nuestro carácter es el de una persona arrogante e insufrible, no llegaremos ni a la segunda cita.
Ahora bien, aunque tengas tus propias cualidades, únicas e irrepetibles, debes tener cuidado al momento de llamar la atención de alguien más. El hecho de que tengas lindos atributos físicos y que derrames carisma no significa que debas exponerte a todos con mucha facilidad. Aprende a ser alguien que se da a respetar y que también respeta a los demás para que te admiren como lo mereces. Si con facilidad enseñas todo lo que tienes podrías obtener resultados negativos.
Recuerda que construir relaciones saludables demanda intención, humildad y un corazón dispuesto a amar como Dios nos ama. También implica escuchar más de lo que hablamos, perdonar incluso cuando duele y celebrar los logros del otro como si fueran propios. La meta no es llegar rápido, sino permitir que el amor madure de Su mano. Desconozco en qué etapa de vida te encuentras, pero oro para que, en cada una de ellas, vivas con gratitud, paciencia y el deseo de honrarlo a Él por encima de todo. ¡Bendiciones!