Ama, pero sin perderte a ti mismo

Ama, pero sin perderte a ti mismo

Amar es uno de los sentimientos más hermosos, pero también uno de los más complejos. Muchas personas crecieron creyendo que amar implica aguantar, ceder siempre o callar para evitar conflictos. Cuando amar empieza a doler más de lo que edifica, con el tiempo ese amor termina desgastando el corazón.

Hay relaciones donde poco a poco uno comienza a desaparecer: se dejan de expresar emociones, se posponen necesidades y se normaliza el cansancio interior. Y aunque todo eso se haga “por amor”, algo por dentro empieza a romperse.

Dios nunca pensó en el amor como un lugar de pérdida personal.

El amor no debería borrar tu identidad

Amar no significa anularte ni vivir en función del bienestar del otro a costa del tuyo. El amor sano afirma la identidad, no la debilita. Cuando el amor exige silencio permanente, miedo o renuncia constante a lo que eres, deja de reflejar el corazón de Dios.

Jesús amó profundamente, pero nunca perdió claridad sobre quién era. Supo servir, acompañar y entregarse sin permitir que otros definieran Su valor o Su propósito. Amar como Él amó implica tener un corazón abierto, pero también una identidad firme. La Biblia lo expresa con sabiduría en Proverbios 4:23: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida”. Cuidar tu corazón no es egoísmo, sino responsabilidad espiritual.

Amar también implica poner límites

Durante mucho tiempo se enseñó que poner límites era una señal de frialdad o de falta de amor. Sin embargo los límites saludables no alejan, más bien ordenan. Protegen al corazón y permiten que el amor crezca en un ambiente seguro.

Dios no nos llama a amar desde la confusión, sino desde la verdad. Un amor sin límites termina cansando mientras que un amor bien cuidado tiene espacio para crecer, sanar y madurar. Aprender a decir “esto me duele”, “esto necesito” o “hasta aquí puedo” también es una forma de amar correctamente.

Amar desde un lugar sano

Cuando el amor nace desde la carencia suele convertirse en dependencia. Cuando nace desde la plenitud que Dios da, se transforma en compañía. No necesitas perderte para amar: necesitas estar completo.

Dios desea sanar primero lo que está dentro de ti para que puedas amar sin miedo, sin presión y sin desgaste innecesario. El amor que Él enseña no te apaga, sino más bien te fortalece. No te reduce: te afirma.

El amor diseñado por Dios para ti

En este febrero tómate un momento para revisar desde dónde estás amando. El amor que Dios diseñó no te borra, no te confunde ni te rompe por dentro. Te cuida, te forma y te acerca más a la verdad.

Aprender a amar sin perderte no es fácil, pero es posible cuando Dios ocupa el centro. Y cuando amas desde ese lugar reflejas de una mejor manera el amor que Él tuvo primero por ti.