Lo que Dios puede formar en una rutina

Lo que Dios puede formar en una rutina

Creo que hay rutinas que parecen simples, pero con el tiempo nos enseñan mucho de nosotros mismos.

El ejercicio es una de ellas.

A veces se piensa en el deporte solamente como algo físico: moverse, fortalecer el cuerpo, cuidar la salud o tener más energía. Y claro, todo eso tiene valor. Pero también creo que una rutina puede formar algo más profundo cuando se vive con constancia.

Mover el cuerpo ayuda a la salud. Nos da más energía, despeja la mente, ordena horarios y nos permite vivir con más disposición. Pero para mí, el ejercicio no se trata únicamente de bienestar físico. También tiene que ver con disciplina.


La disciplina no siempre empieza con ganas. Muchas veces empieza con una decisión.

Hay días donde uno no tiene el mismo ánimo, donde sería más fácil dejarlo para después, donde el cuerpo está cansado o la mente está llena de pendientes. Pero cuando una persona aprende a permanecer en algo bueno, aunque no siempre tenga ganas, también se está formando por dentro.

La Palabra dice en 1 Corintios 6:19 que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo. Yo no entiendo eso como una presión por alcanzar una imagen perfecta. Lo entiendo como una invitación a cuidar con sabiduría lo que Dios nos dio.

El cuerpo no debe ser una obsesión, pero tampoco debería ser algo que descuidamos. Es parte de lo que Dios nos confió.

Por eso, una rutina sencilla puede enseñar mucho. Enseña a ordenar el tiempo, a vencer la comodidad, a respetar procesos y a cuidar la salud sin maltratarnos. Enseña que no todo fruto aparece de inmediato, pero que la constancia sí va formando algo.


También creo que la voluntad se entrena.

No siempre nace fuerte. Muchas veces se va formando en lo pequeño: en volver a empezar, en sostener una decisión, en hacer lo correcto aunque no sea lo más cómodo, en cuidar lo que sabemos que nos hace bien.

Eso también se parece a la vida espiritual.

No todos los días se ora con la misma emoción. No todos los días se siente la misma claridad. No todos los días uno se levanta con la misma fuerza. Pero permanecer también forma carácter.

A veces creemos que Dios solo trabaja en nosotros en los momentos grandes, en las decisiones importantes o en las temporadas difíciles. Pero también puede formar algo en una rutina sencilla, en una decisión pequeña que repetimos con fidelidad.

El ejercicio puede ser una herramienta para cuidar la salud y recordar que la voluntad también necesita ser formada.


Porque lo pequeño, cuando se hace con constancia, también puede producir fruto.

Cositas muy mías

Hay momentos de mi entrenamiento donde he sentido que Dios también está trabajando algo en mí.

El golf, por ejemplo, me ha enseñado concentración y paciencia. No puedo hacerlo de cualquier manera. Necesito detenerme, corregir, volver a intentar y aceptar que no todo sale perfecto desde el inicio.

También recuerdo cuando al principio quince minutos de ejercicio podían sentirse eternos. Me costaba un poco, pero con el tiempo fui entendiendo que mi cuerpo necesitaba esa disciplina. No solo para verme mejor, sino para sentirme con más energía, con mejor ánimo y con más disposición para vivir lo que Dios me permite vivir.

Conecto mucho con eso porque en la vida también hay áreas donde uno quisiera avanzar sin pasar por el proceso. Pero Dios usa el proceso. Usa la repetición. Usa esos momentos donde una vuelve a intentarlo.


Para mí, entrenar no es solo mover el cuerpo. Es recordarme que la constancia se aprende, que la voluntad se forma y que Dios también puede trabajar en mí en una rutina sencilla.