Aunque el entusiasmo baje, Dios permanece

Aunque el entusiasmo baje, Dios permanece

La fe que sostiene cuando la emoción se apaga

Los inicios de año suelen traer una energía especial. Hay planes, expectativas y una sensación de impulso que nos hace creer que esta vez todo será diferente. Sin embargo, con el paso de los días la rutina vuelve a instalarse, las responsabilidades se acumulan y ese entusiasmo inicial comienza a disminuir.

Cuando eso sucede, muchas personas piensan que algo falló: en sus planes, en su disciplina o incluso en su fe. Pero la verdad es que la emoción no fue diseñada para sostener procesos largos. La fe sí.

Dios no depende de nuestro ánimo para obrar. Él no se acerca solo cuando estamos motivados ni se aleja cuando el entusiasmo baja. Dios permanece en los días intensos y en los días comunes; en los comienzos llenos de expectativa y en la constancia silenciosa del camino.

Cuando la vida se vuelve cotidiana

La vida real comienza cuando la emoción se apaga. Es ahí donde aparecen los días normales, las decisiones pequeñas y la fidelidad diaria. Y aunque esos días no se sienten extraordinarios, son los que más forman nuestro carácter.

Dios trabaja con especial cuidado en esos momentos donde no hay grandes sensaciones, pero sí disposición. En lo cotidiano Él enseña paciencia. En la rutina Él forma perseverancia. En la constancia Él construye una fe más profunda.

No todos los días se sienten espirituales, pero eso no significa que Dios esté ausente. Significa que estamos aprendiendo a caminar con Él más allá de las emociones, con una fe que no depende de cómo te sientes.

A veces creemos que una fe genuina debe sentirse fuerte todo el tiempo, pero la fe madura no se mide por la intensidad del ánimo, sino por la decisión de seguir confiando aun cuando no hay emoción.

Dios no nos llamó a caminar impulsados por sentimientos cambiantes, sino por confianza. Y esa confianza se fortalece precisamente cuando seguimos avanzando aunque no tengamos la misma energía del inicio.

La Biblia lo expresa con sencillez: “Porque por fe andamos, no por vista”, dice 2 Corintios 5:7.

Caminar por fe implica avanzar incluso cuando no vemos resultados inmediatos ni sentimos el mismo entusiasmo. Implica creer que Dios sigue obrando aunque el proceso sea silencioso.

Dios permanece aun cuando sentimos cansancio

Tal vez este inicio de año no se sienta como esperabas. Tal vez ya apareció el cansancio, la duda o la sensación de ir más lento de lo planeado. Eso no significa que estés retrocediendo; muchas veces significa, más bien, que estás madurando.

Dios no te pidió que mantuvieras una emoción alta durante todo el año. Te invitó a confiar, a permanecer y a caminar con Él paso a paso. Su fidelidad no depende de tu ánimo y Su presencia no se reduce cuando te sientes cansado.

En esos momentos, Él sigue guiando, sosteniendo y formando algo más profundo en ti. A veces los cambios más importantes no ocurren en los momentos intensos, sino en los silenciosos.

Seguir caminando también es fe

Este año no se trata de mantener una emoción constante, sino de cultivar una fe firme. Una fe que descansa en la certeza de que Dios sigue contigo incluso cuando el camino se vuelve cotidiano.

Si hoy el entusiasmo ya no es el mismo que al inicio, recuerda que Dios no necesita tu emoción para obrar, solo tu disposición. Y mientras sigas caminando incluso con pasos pequeños, Él permanecerá fiel como siempre lo ha sido.

Así que recuerda: aunque el año inició hace varios días y sientas que estás perdiendo el ritmo, no estás atrasado, no estás fallando. Solo estás aprendiendo a caminar por fe.