Cuando pensamos en todo lo que hemos vivido, en ocasiones subestimamos nuestra historia y nos mentalizamos que es muy común o que nuestras luchas y victorias no tendrían ningún valor para otros. Sin embargo, cuando compartimos todo lo que Dios ha hecho en nuestra vida, abrimos la puerta para que otros reconozcan Su inmenso poder, misericordia, fidelidad y amor. La realidad es que nuestro testimonio no es solo nuestro, ya que puede ser un instrumento de esperanza para quienes nos rodean.
Fuimos creados a imagen y semejanza de Dios con un enorme propósito, por lo que cada vida tiene el poder de impactar tanto a guatemaltecos como a personas de cualquier parte del mundo. Él nos creó con características, dones y talentos únicos, por lo que, aunque a veces no lo reconozcamos, nuestras vidas tienen muchísimo valor. Es crucial entender que Él no trata con todos de la misma manera, pues lo que tú viviste es diferente a lo que yo viví, pero quizá, justo ahora, hay alguien cerca de ti enfrentando algo que tú ya superaste. ¿Y si tu experiencia pudiera ser de ayuda para esa persona?
Compartir lo que Dios ha hecho en nosotros no solo glorifica Su nombre, sino que también fortalece nuestra fe y anima a los que nos rodean. Callar lo que hemos vivido desde que lo reconocimos como nuestro único Señor y Salvador es privar al mundo de una muestra real de Su inmenso amor. Ten siempre presente que cada lágrima, prueba y victoria atravesada tiene el potencial de inspirar a otros a creer, a seguir luchando y a no rendirse. Cuando decides hablar, Dios usa tu voz.
Como creyentes, debemos admitir que parte importante de compartir el mensaje de salvación, es contar nuestro testimonio, ya que todas las personas y naciones necesitan de nuestra luz. Si no has compartido tu testimonio con nadie porque consideras que es muy pequeño y que no tendrá trascendencia alguna, te animo a que alejes esos pensamientos de tu vida. Habla con tus amigos cercanos acerca de eso tan importante que te cambió para bien, hasta que llegues a compartirlo en tu iglesia, congresos o mediante las redes sociales, porque puede cambiar la vida de alguien más.
Recuerda que un testimonio es dar evidencias y obtener pruebas acerca de algo. Reconocer el poder de nuestro testimonio, más allá de recordar el pasado, es ver con claridad la dedicación con la que Dios ha obrado en nuestras vidas. Además, nos permite ser agradecidos, servirle con propósito y convertirnos, sin darnos cuenta, en predicadores de Su gracia y amor. Cada experiencia vivida es una oportunidad para reflejar Su fidelidad. ¡Dale gracias por tu vida y permite que otros conozcan Su poder a través de tu historia!
¡Muchas bendiciones!