Buena cosecha

Buena cosecha

Como hijos de Dios, sabemos que Él es la fuente del ánimo y quien nos sostiene en medio de las circunstancias que nos toca afrontar en las distintas etapas de nuestra vida. Las Escrituras demuestran que Jesús no desmayó en ningún momento, ni cuando lo crucificaron, por lo que debemos imitar su ejemplo. Dios conoce nuestras necesidades y desea que estemos bien, por ello cada día nos otorga las fuerzas que necesitamos para levantarnos y continuar nuestro trayecto en la vida.

Todas las personas deseamos recibir bendiciones y prosperidad, y ver el cumplimiento de las promesas de Dios en nuestras vidas. Sin embargo, debemos entregarle todo lo que somos, estudiar Su Palabra diariamente y vivir conforme a Su perfecta voluntad. Aunque en ocasiones predominan sentimientos como el enojo, la tristeza, la depresión y la ansiedad, debemos reconocer en todo momento que Él desea renovarnos cada día para que seamos tierra fértil, capaz de producir buen fruto. Todo lo que sembramos, tarde o temprano tendrá su cosecha, por lo que, si siembras bien con toda seguridad tendrás una buena cosecha.

Hay personas que han sembrado mal o han cometido infinidad de errores y piensan que jamás tendrán una buena cosecha, pero no es cierto. Si reconocen y aceptan sus desaciertos, y le piden al Señor su perdón, Él renovará sus mentes y corazones para corregir lo malo.  Si en algún momento te has sentido invisible a los ojos de quienes te rodean o si te han utilizado y engañado, tómate un momento en oración con Dios para recibir sabiduría y sanidad; solo en Él encontramos el bálsamo adecuado para cerrar cualquier pequeña o gran herida.

Este es un buen momento para que le pidas al Señor la fuerza y el honor que necesitas para ver el porvenir con optimismo. Siembra para recibir Sus promesas y practica el don de la paciencia porque Él no te ignora; por el contrario, te dará ese gozo sobrenatural que anhelas. Jesús puede sanarte, ayudarte a perdonar y a tener el control de tu vida; solo debes estar dispuesto a sujetar tu alma inquieta a Su voluntad porque necesitas ser usada para glorificar Su nombre.

Declara que lo que has sembrado trascenderá en una cosecha que alcanzará a muchas generaciones. La Palabra nos enseña que María Magdalena olvidó todo el rechazo y la humillación que sufrió cuando se encontró con Jesús y se convirtió en instrumento para transmitir las buenas nuevas; Él te ve con ojos de amor todos los días de tu vida.

Por lo tanto, no te menosprecies más, sino que descubre y cree en todo tu valor. Hoy y todos los días, entrégale tu vida a Dios, permite que te guarde y te haga libre para amar y bendecir a quienes te rodean, y siembra conforme a Su voluntad para tener una buena y abundante cosecha. ¡Muchas bendiciones!