Vivir por fe

Vivir por fe

¿Alguna vez te has preguntado qué debes hacer para vivir realmente conforme a la fe de Dios? Aunque pareciera complicado, la realidad es que es bastante sencillo lo que debemos hacer, pues lo único que necesitamos es entregarnos por completo a Él. Por supuesto que es una acción que implica mucha entrega y disciplina, ya que debemos indagar en Su Palabra, encontrar nuestra identidad en Él, conducirnos conforme a Su voluntad y adoptar una correcta actitud en medio de cualquier situación, pero vale toda la pena porque con ello nos garantizamos la vida eterna.

En la Biblia encontramos la bellísima oración del Padre Nuestro, una completa declaración de fe que nos enseña que somos hijos, herederos y ciudadanos de un reino que opera bajo estándares y normas diferentes a las del mundo. Para tener paz, para que el bien prevalezca, para que haya justicia y para que seamos libres del afán, debemos aprender a vivir bajo el sistema de Dios, despojarnos de lo mundano y renovar con constancia nuestro entendimiento. Este es justamente vivir por fe.

Como seres humanos que fallan y pecan seguidamente, debemos ser intencionales y trabajar muchísimo en alinear nuestros pensamientos a los de Dios, pues solo así caminaremos conforme a Su perfecta voluntad. El enemigo busca que le creamos al mundo, pero Él nos dio inteligencia y fuerza de voluntad para no menospreciarnos ni escuchar las voces que intentan debilitarnos. Él nos creó a Su perfecta imagen y semejanza, por lo que nos conoce como nadie más lo hace, así que jamás dudes de ti ni de tus principios, valores y convicciones como cristiano.

Para incrementar nuestra fe y vivir por ella, debemos orar diariamente y ayunar con persistencia. Con el paso de los años en el evangelio he aprendido que, para sanar a alguien, no debemos orar y ayunar por el enfermo, sino por nosotros mismos, para que nuestra fe se fortalezca y seamos usados como instrumentos para la perfecta obra de Dios. La oración y el ayuno son las disciplinas más efectivas para fortalecer nuestra fe, así que, aunque sea difícil, conviértelos en una rutina.

Como hijos de Dios, debemos tener siempre en mente que la fe viene por el oír y se hace efectiva por el hablar. En ese sentido, cuando vivimos por fe, cuidamos lo que escuchamos y lo que hablamos porque reconocemos que nuestra fe se alimenta de aquello a lo que le prestamos atención. Recuerda que Su poder se perfecciona en nuestra debilidad, y que somos capaces de cumplir con lo que nos propongamos porque Él está con nosotros en todo momento y lugar.

Cuando tenemos fe, todo suma, pero cuando la pausamos o perdemos, incluso lo que creemos tener parece escaparse de nuestras manos. Te animo a que vivas por fe y a que confíes en el Señor porque Sus obras son buenas y siempre tienen un enorme propósito. ¡Bendiciones!